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March 8, 2019

Si el campo se para, la ciudad no come. No le falta razón a la pancarta. No les faltan razones a esas personas que asociamos al mundo rural, con a veces un cierto tono despectivo, para meter sus tractores y sus reivindicaciones en pleno centro de la ciudad. La mañana ha salido con niebla. Fría. Plaza de España. Tomo varias fotos. Tal vez cuelgue todo el  reportaje. Me llama la atención ésta. Amo el lenguaje de la imagen, pero siempre diré que una imagen es, casi siempre, una multitud de enigmas que se abren a diversas interpretaciones. Como yo no pretendo documentar nada sino relatar algo me puedo permitir el lujo de pararme a contemplar la imagen que tomé aquel día. Sé que quería captar lo que estás viendo. Y la miro y surge un relato. El campo en huelga, y ese hombre, oscuro con su gorro rojo que cruza con paso decidido en dirección contraria. Por un momento imagino que es uno de los muchos inmigrantes que acaban trabajando en el campo, porque como no es un trabajo muy apreciado y sí excesivamente duro, es el trabajo que les dejamos a los otros. El campo en huelga grita desde sus tractores sus voces amarillas, verdes... Y el hombre del gorro rojo camina deprisa en dirección al tajo. Tal vez un poco más arriba le espera la furgoneta que habrá de llevarle a un campo donde hoy, día frío y neblinoso, se afanará en una tarea que está en huelga.

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February 15, 2019

 Sigilosamente, la escultura repta hacia el durmiente. El dinosaurio de Monterroso despierta.

Recuerdo estar delante del alumnado. Desde 1984. Reflexiono sobre este tiempo y hay algo que destaca: de repente todo se aceleró de tal manera que me era posible situarme ante ellas y ellos y decirles que había viviod en mundos que ellos desconocían, que para ellos eran territorio ignotos. Los ejemplos para avalar esta afirmación son todo menos escasos. Aquí uno de ellos. Una simple foto. El vacío provocado por la demolición de casas en el casco histórico, un vacío que se convierte en un solar en espera de un viento favorable que impulse el negocio especulador, deja a la vista algo. Tal vez observéis la foto y no os percatéis de algo que es importante.

Se ve la trasera de un edificio. Un blanconcito que se sueña miniterraza. A un lado un cuartito, algo pequeño. La puerta abierta casi nos permite ve que es una superficie que ha crecido a lo alto pero que se mantiene mínima a lo ancho.

Me imagino a mí mismo mostrándo esta foto al alumnado. ¿Qué es ese cuartito?. Estoy seguro de que nadie acertaría a adivinar que ese hueco con puerta situado en esa miniterraza es el escusado, es decir, el váter. Una taza, un lavabo pequeño, un espejo minúsculo y, tal vez, una repisa. No me cuesta imaginar que la respuesta del alumnado sería: no, eso no puede ser el váter. Pues sí. Es el váter que yo conocí en casa de mis abuelos. Si lo recuerdo es que estoy hablando de 1962, España.

He visto mundos que como Baty, el Nexus 6, no imaginaríais, puedo decirles a los alumnos y alumnas.

Ya véis, una foto que parece nada esconde un relato de vida, memoria viva.

July 8, 2018

Hay fotos con magia. Ésta es una de ellas. He tomado varias fotografías de un grupo de personas que, sentados, se recortan frente a la playa. Me acerco y tomo otra foto. En color. Y sé que lo que se abre ante mí me pide blanco y negro. Miro por el visor. Disparo. Y en ese instante muy fugaz él se vuelve y su mirada se topa con la mía que está en camino de ser foto. No sé qué piensa. Si me preguntara por qué les he fotografiado no tendría duda alguna a la hora de responderle: los veo a los dos, como dos viejos amigos, allí, sentados, disfrutando de otro día de amistades compartidas.

July 5, 2018

Decía Goya: La razón produce monstruos. Y bien que lo sabemos: sostiene la Historia. Y en aquellos días que ahora soy caía en el sueño con una velocidad inusitada. Sin darme cuenta, como según dicen ha de ser, me sumergía en el cuarto oscuro de los días y los párpados, por fin, echaban la persiana. Fase REM. El sueño del sueño. Soñar en el acto de dormir. Y no podía evitar, en aquellos días que ahora soy, que al sueño le creciera una pesadilla.

July 2, 2018

El vuelo rojo. Tela rasgada. Viento de desprendimiento. Olor a mar. El rojo se agita para espantar a los pasos perdidos.

Rojo   Sangre

Rojo    Peligro

Rojo    Pasión

Rojo    Bandera

El velo rojo cubre apenas la valla. El viento acude a mi mirada.

May 17, 2018

 Odiseos a su pesar. Como ya escribí en otra de las entradas de este mismo blog. Naúfragos de mil vidas rotas por la enfgermedad moral del mundo. Y su nave es siempre parecida. Cada una de estas personas es una vida rota, un vida despreciada, y sus naves son las mismas. No regresan a Itaca alguna. Van, simplemente marchan.

La miro y sé que debo llamarla Penélope.
Quienes me conocen y saben en qué ando puede que crean que le pongo ese nombre para hacerla partícipe de un proyecto, Llamadme Odiseo, que me duele entre las manos. No es así. El motivo es otro. De hecho ni siquiera le pongo el nombre en el momento de verla allí, sentada, ensimismada, encarnando sus silencios. La veo mientras paseo en mi deriva mañanera por la playa. Ese día toca Playa de Levante. Sobre las 9:30 AM. La veo y entonces necesito mirarla. La miro y me convierto en una nave espacial orbitando en la gravedad de un planeta al que casi un mes después bautizaré con el nombre de Penélope.
¿Por qué entonces el nombre? Así, de repente, mientras la observo ya convertida en mi mirada noto el susurro de una vieja canción de cuando era un adolescente y paseaba por el mismo mar en otro sitio más al norte. La canción que ahora sigue paseando su son y sus palabras se llama Penélope. Joan Manuel Serrat. Y así, desde la confluencia de una mirada y el eco de una canción surge esta historia. La historia de Penélope. Sentada en un banco de piedra frente al mar en lugar de sentada en otro banco y en una estación de ferrocarril. Ambas, sin embargo, iguales en algo. Serrat lo cuenta de su Penélope. Yo lo intuyo en mi Penélope: “se paró su reloj infantil”.

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 La mañana y sus rutinas. Jueves. Los árboles anuncian primavera; pero el día aún se presenta en tonos grises. Lo veo en uno de los rincones donde suelo buscar refugio. Me ocurre lo de siempre: cuando miro a una persona y siento ese impulso a tomar la cámara, encuadrar, disparar. No estoy tomando solamente una fotografía. Estoy bridando reconocimiento a alguien que está ahí, en medio de un día corriente sin ser una persona corriente. De serlo no me habría interesado que la cámara lo mirara conmigo. Qué lo hace especial es algo que no puedo expresar con palabras. No sé nada de él, pero ahora ya es alguien para mí.

Camina musitando tal vez memoria de otros días. Camina con paso calmo, discreto, como no queriendo llamar la atención, deseando no causar molestia alguna en ese entorno que ahora es su mundo y mi mundo. Compartimos instante.

Le sigo con la mirada y también me muevo en busca de otra perspectiva para completar la serie de cinco fotografías. Después me alejaré y tal vez no volvamos a ser juntos en un instante compartido. Es cuando una brisa de voz me susurra una palabra: serenidad.

March 2, 2016

Hay silencio en la imagen. Quietud, pero también inquietud. La soledad es ese alambre delgadito que a un lado nos abre al abismo de la belleza y al otro nos entrega al abismo del dolor. Miro. Empuño la cámara. Tomo la foto. Dice, como siempre, más de lo que yo sé decir con palabras. Hay silencio en la imagen, pero no puedo evitar escuchar su música.

 

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