DOS




Salir a la calle es abrirte al mundo de los encuentros. Una cosa son las citas y otra, muy diferente, los encuentros. Aquella mañana de febrero de 2021, como el resto de los días que estoy en ese lugar, cojo mi Leica y salgo a caminar. No soy un caminante. La verdad es que andar, sin más, no me atrae. Tal vez sea por unos pies defectuosos. Los únicos momentos en los que caminar tiene sentido es cuando me acompaña alguna de mis cámaras. No las fuerzo. Tampoco me fuerzo. Tal vez hubo un tiempo en el que sí lo hacía. Necesitaba salir para encontrar y por eso andaba siempre al acecho, buscando. Luego aprendí que los encuentros no tienen nada que ver con la búsqueda. Un encuentro es un fragmento de vida que sale a tu paso. No lo esperas. Y hay encuentros, como éste que ves en las cuatro fotos, que se dan en la fugacidad, son verdaderos instantes. No puedes tener dudas. No puedes demorarte. Todo ha de suceder rápido: mirar, encuadrar, disparar.

Y aquí estos dos. Cada uno embebido en sus cosas. Sin molestarse. Me parecía una escena entrañable: el ave, normalmente asustadiza, se movía lenta y bellamente, casi como si no quisiera perturbar el momento en el que, ese hombre, se había ensimismado.